miércoles, 27 de octubre de 2010

Reforma del sistema de salud: quiero protección, no sobreprotección

¡Cómetelo todo!
Por Atticus S. Finch

“¡Tómate la mazamorra!” “¡Cepíllate los dientes!” “¡Cómete las verduras y el hígado!” “¡Deja de ver televisión y sal a jugar!” “¡Deja de estar tomando tanto todos los fines de semana!” “¡Apaga ese cigarrillo!” “¡Deja de comer tanta grasa!” Y no nos olvidemos del clásico “¡No te metas los dedos en la nariz!” En fin, tantas órdenes que hemos recibido en nuestras vidas para que nos cuidemos, al fin y al cabo es por nuestro propio bien.

Pues bien, ahora nuestro gobierno procura reformar el sistema de salud colombiano; que, como todos los sistemas, tiene más necesidades insatisfechas que cubiertas. Un sistema mixto, en el que estado regulaba y competía. Cuando la competencia le quedó grande, se dedicó a regular sin ton ni son (Por ejemplo, en nombre de la igualdad, la Corte Constitucional niveló los servicios de los planes de salud pagados y subsidiados, dejándole la minucia de la financiación al poder ejecutivo). Por no quedarse atrás, en el sector privado la competencia brilla por su ausencia, son más los servicios que niegan que los que aprueban (aunque los pague el FOSYGA), y los “dispensadores” de servicios, denominados rimbombantemente Entidades Promotoras de Salud (o EPS), actúan con total impunidad, condición inherente al oligopolio que existe en cuanto a EPS se refiere.

¡Cantemos! "Sooomos toodos saludaaaables"
En un afán de mantener los costos abajo, el estado colombiano ha dado un sinnúmero de traspiés que dejan entrever la naturaleza totalitaria con la que se quiere manejar el tema de salud pública: una cosa es prohibirle a los fumadores darle rienda suelta a su vicio en cualquier parte (los demás pagamos al tener que financiar con nuestros aportes al fondo de solidaridad de salud, las consecuencias de su tabaquismo — sin mencionar el humo de segunda mano), y otra muy diferente es tratar de establecer una especie de manual de procedimientos para ejercer la medicina a través de las EPS, ¡y con sanciones ejemplarizantes al que se desvíe de la norma! ¡Era el estado colombiano, y no la comunidad médico – científica quien iba a determinar la práctica médica!

Camarada, deja de beber. ¡Es por tu propio bien! Así no le sirves al estado.

Este despropósito fue perpetrado en las postrimerías del anterior gobierno. Por mucho que necesitemos de un marco legal y de la protección del estado para acceder a servicios que la mayoría de nosotros no podríamos pagar, este tipo de intentonas reguladoras nos lleva a extremos donde la responsabilidad personal y la libertad de elegir son completamente ahogadas bajo la presunción de que el estado debe y puede microrregular todos y cada uno de los aspectos de nuestras vidas.

Traje a colación los ejemplos anteriores porque, aunque haya cambio de gobierno, el estado no quiere dejar vivir a sus “súbditos”: el proyecto de ley estatutaria busca poner orden el sistema de salud, en su artículo 11 propone:

Deber de autocuidado de la salud. El autocuidado es el deber que tiene toda persona de procurar el cuidado integral de su salud y la de su familia. Toda persona debe procurar la atención integral de su salud. Los padres deberán procurar la atención integral a la salud de sus hijos menores de edad o mayores de edad en la situación de discapacidad. Los centros educativos y los actores del Sistema General de Seguridad Social en Salud deberán adelantar actividades pedagógicas para enseñar a la población prácticas para el cuidado de su salud y la prevención de la enfermedad.


¡Sí! ¡Te vigilo a tí!

¿Qué tal? Ni siquiera es un buen intento. Hablando del estado niñera, esto se pasa de la raya.¿O no? Cualquiera dirá que uno de los objetivos del estado es el de velar (o "propender") por la salud de sus habitantes y debe buscar estimular, más bien desestimular los hábitos destructivos de los usuarios del sistema. Bueno, el sector privado, a través de sus pólizas de seguros y medicina prepagada, había conseguido ya un mecanismo de desestímulo, pero no lo divulgaba, ni sabía venderlo, y si lo comunicaba, era automáticamente vilipendiado: el de las preexistencias.
La codicia corporativa es un desorden alimenticio

Sin las consideraciones monetarias, el asunto se reduce a que el estado podría sugerirte cómo debes vivir, pero no coaccionarte a través de la ley para que asumas determinada conducta. No cuando en el artículo 16 de la Constitución Nacional esté consagrado el derecho al libre desarrollo de la personalidad, así le duela al Agente P.

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